Apertura de calles - La quinta de González Moreno

Este trabajo relata los incidentes de un expediente que procuraba evitar la apertura de varias calles en el barrio de Barracas hacia la segunda mitad del siglo XIX.Las explicaciones que se intercambian los protagonistas nos permiten visualizar formas de vida hoy desaparecidas en un barrio tan céntrico y característico de Buenos Aires.

LA APERTURA DE CALLES LA QUINTA DE GONZALEZ MORENO - UN ASPECTO DE LA MODERNIDAD-

“Eran los tiempos en que la ciudad se extendía hasta la calle del Buen Orden y todos nos tuteábamos porque todos nos conocíamos”

INTRODUCCIÓN

La caída de Rosas y la separación del Estado de Buenos Aires del resto de la Confederación Argentina, marcan un momento trascendente para la Ciudad, que la percepción de los integrantes de la recién formada Municipalidad, va captando y concretando en medidas que intentan responder a las necesidades del tiempo que se vive. Modernidad será, para los munícipes de entonces, “europeizar” a la aldea que, - antes de esa época -, poco se diferenciaba de sus similares del interior del país, reflejando además las tendencias políticas de los nuevos gobernantes, que en muchos casos volvían del obligado exilio de los tiempos de Rosas, cargados con el bagaje de formación y conceptos con que se enriquecieran durante el mismo. “Europeización” que en Buenos Aires se dará tanto por la voluntad de los dirigentes, como por las tradiciones culturales que acompañan a los inmigrantes que comienzan a llegar, atraídos por las posibilidades que suponían encontrar, incrementando la población y obligando al ensanche del éjido urbano. Agreguemos también que nuevos criterios urbanísticos se abren camino en el mundo del siglo pasado, que se suman a lo antes expresado, contribuyendo a esa transformación obligada además por una importante inserción de la producción agropecuaria de la República Argentina, en el cada vez más desarrollado comercio mundial.

La desaparición del cordón de quintas y chacras que rodea la ciudad, -límites para la urbanización y el comercio en pleno desarrollo-, es a la vez necesidad y obligación, y los argumentos de González Moreno, prueba interesante de la resistencia ante ese avance modernizador, que altera los tradicionales sistemas de vida de la clase propietaria porteña, y tan bien reflejara Lucio V. López en “La Gran Aldea”.-

LA QUINTA Y LAS CALLES

No trataremos en este trabajo sobre la presencia pública de la familia González Moreno, limitándonos a informar que consideramos que gozaba de cierto predicamento en los medios político-sociales de la época en que se desarrolla el tema. Así lo corrobora Pastor Obligado , que los da como concurrentes a las tertulias de Manuelita Rosas en Palermo, y la correspondencia que encontramos en la Memoria Municipal de 1881, en la que el Intendente Torcuato de Alvear requiere de la colaboración de Antonio González Moreno para la adquisición de obras escultóricas en París, con destino al Cementerio de la Recoleta. Es cierto que puede ser que su situación, si hubieran sido rosistas convencidos, podría haber sido motivo de “venganzas burocráticas”, que en el caso de otros propietarios tal vez la Municipalidad hubiera soslayado, al menos en los primeros años del Estado de Buenos Aires, posteriores a la caída del Restaurador.

Por otra parte, María Sáenz Quesada se refiere a ellos diciendo que “Hubo familias de avanzada, como las de González Moreno, que hicieron quitar los postes frente a su hermosa casa ...", refiriéndose sin duda a su casa de la ciudad, no a la quinta que motiva este trabajo.

Para ubicarnos sobre el sitio donde se encontraba la quinta, podemos observarla en la copia del plano ilustrativo, donde aparece cerrando con su presencia las calles de Tacuarí, Piedras, Chacabuco y Perú con frente sobre la calle Caseros y los fondos hacia el bajo de la barranca, hacia la traza de la actual calle Ituzaingo, en el área del Barrio de Barracas. Muy cerca, la Quinta de Lezama, ubicada entre las calles de Brasil, Paseo Colón, del General Brown y de la Defensa, había sufrido algunos años antes un intento de la Corporación Municipal para abrir las calles que cortaba. Efectivamente, el día 22 de septiembre del año 1857 , su propietario, José Gregorio de Lezama había solicitado se dejara sin efecto la medida.

“Trájose a consideración la solicitud del Sr. Lezama la cual fue leída, exponiendo en ella el suplicante los grandes desembolsos que había hecho para establecer un jardín de aclimatación y la inutilidad de abrir calles en su quinta, pues por su inmediación a la barranca, altura del terreno, etc., (las calles) no podrían servir al público, teniendo además la Municipalidad que hacer crecidos gastos en la excavación de los terrenos”.

La resolución de la Municipalidad, apoyada entre otros por Domingo Faustino Sarmiento, dice que “estando esta quinta en las condiciones que expone el suplicante, queda sin efecto la apertura de calles ordenada en ella”.

Ya un acta del 23 de marzo de 1860 nos informa de los problemas de circulación en la zona, caracterizada por no contar aún con calles empedradas en su totalidad. El Jefe de Policía pide una medida contra los que llevan las boyadas de las carretas que concurren al Mercado del Sur por “la calle principal de Barracas (la actual Avenida Montes de Oca) ... a pesar de las prohibiciones de la policía”

Y la Quinta de González Moreno ponía un límite al tránsito ciudadano y comercial, que crecía día a día.

En los planos de la época podemos corroborar la veracidad de lo expresado. La calle del Bajo, la de la Defensa, Bolívar y la Larga de Barracas eran las únicas vías desde la ciudad hacia el sur.

El intenso movimiento comercial que se llevaba por la calle de la Defensa provocaba una congestión permanente, agravada por la presencia de los hospitales incipientes de las comunidades italiana y británica, carretas, cabalgaduras y negocios vinculados con las actividades preindustriales relacionadas con los productos agropecuarios, establecidas en las cercanías del área: mataderos de carneros, saladeros hacia el Riachuelo, graserías, etc.

Por ejemplo, encontramos a Claudio Dangon y Cia., presentándose ante el Vicepresidente de la Municipalidad el 22 de abril de 1862 , solicitando permiso para “fundar un establecimiento en la calle de la Defensa Nº 488 (de la antigua numeración), para la venta y beneficio de los productos de la matanza de cerdos ... quesos, salchichas y salchichones, etc.”, pedido que con rapidez inusitada se concede el 16 de mayo del mismo año. De paso acotemos que en el Acta Municipal del 22 de abril, vemos reproducida esta actuación con un error de transcripción, ya que da el apellido del causante como Galván.

En las Memorias Municipales de 1859 observamos que se ha procedido al empedrado de la bajada de la calle del Brasil, desde Defensa a Paseo Colón, que realizara Joaquín Lecube con 955 toneladas de piedra de la isla de Martín García, mientras que en 1858 se realizó el mismo trabajo en la bajada de la del Buen Orden , de Caseros a Ituzaingo, en procura de mejorar algo la caótica situación creada por lluvias y sequías, que para el caso es similar. Los vecinos de la calle del Brasil, entre Buen Orden y Defensa, presentan un recurso a la Municipalidad, el 26 de agosto de 1862, pidiendo la extensión del empedrado, que demuestra su preocupación como comerciantes. Lo firman Carlos Palomar, Mariano Puig y Honorio Gozzi (?)

Su queja está basada en los impedimentos que se presentaban a los comerciantes para transitar hacia el sur, tanto por la falta de empedrado de la calle donde se asentaban, como por los de la calle de la Defensa, “... intransitable desde el pié de la barranca hasta lo de Brittain, la de Bolivar convertida en un pantano perpetuo y cerradas por la Quinta del Sr. González Moreno las de Perú, Chacabuco, Piedras y Tacuarí, hacen que un individuo que, desde la Parroquia de San Telmo quisiera salir á caballo ó en carruage hasta la esquina llamada de Pedro Perez por ejemplo, tendrá que buscar la calle del Buen Orden por la de la Independencia pues únicamente por allí podría verificarlo libre de los pantanos que han inutilizado las demás. Todo esto, señor vicepresidente, sucede al quererse comunicar un vecindario inmenso con los centros del comercio del sur -–el Mercado de frutos, los corrales, Barracas.“

En este documento nos enteramos que la calle del Buen Orden o su prolongación, la calle Larga de Barracas, eran la única vía transitable “para el intenso comercio que hay entre esta ciudad y toda la campaña del sur, y que es el más importante de la Provincia toda”.

Otro ejemplo referido a los problemas de la circulación, lo encontramos en las actas de la Corporación Municipal de algunos años después, cuando fue “Leído un proyecto de ordenanza presentado por el señor presidente (de la Corporación), prohibiendo que los carros de tráfico puedan andar por el empedrado con más de dos caballos. Fué sostenido por los señores presidente (Martinez de Hoz), Casares y Cuenca, fundándose en que un mayor número de caballos dificulta el tránsito de los rodados y hasta lo hace peligroso, favorece la infracción de la ordenanza que determina el peso de las cargas, cuyo cumplimiento es imposible obtener y contribuye más que todo por su causa al deterioro de los empedrados. Los señores Temperley y Roldán se opusieron a él en razón de que traería perjuícios al comercio, pues el transporte de las cargas sería muchas veces imposible á causa del estado de las calles.”

“El señor Mitre (Bartolomé) hizo moción que fue apoyada, para que el asunto pasara a la sección respectiva, en razón de necesitarse para resolverlo, mayor ilustración que la que arroja una discusión sugerida por la simple lectura del proyecto. Así se dispuso destinándose á la de obras públicas.”

Pero no eran ajenos los munícipes de entonces al desarrollo de la urbe, y las trabas que la presencia de grandes extensiones a menos de treinta cuadras del centro, la Plaza de la Victoria, ocasionaban al desamparado habitante de sus cercanías. Desde 1860 las Actas de la Corporación Municipal reflejan esta preocupación. El 8 de mayo se presentan los vecinos de la calle del Perú, pidiendo la apertura de la Quinta de González Moreno, pedido que, girado a la Comisión de Obras Públicas, logra su aprobación el 15 del mismo mes , aconsejando la comisión “... se apruebe la solicitud de algunos vecinos de la calle de los Representantes, hoy Perú, pidiendo la apertura de esa calle, cortada por la quinta de Don Rebigio G.Moreno (sic), y que la Comisión aconseja se mande abrir.” Aprobado el dictamen, se devuelve para su ejecución.

Evidentemente informado del “peligro” que corrían sus tierras, el 24 del mismo mes y año Don Antonio González Moreno presenta una nota “... pidiendo se reconsidere la resolución que manda abrir la calle interceptada por la quinta.” Se gira a la Comisión de Obras Públicas en el mismo momento, y allí queda.

Años después, y días antes de la presentación de los vecinos de la calle Brasil, el 12 de agosto de 1862 nos encontramos con que el Sr. Larrosa, integrante de la Corporación Municipal, nos dice “... que le constaba que la Corporación había ordenado, hacía algunos años, la apertura de la calle del Perú, Chacabuco, Piedras y Tacuarí, obtenidas por algunos propietarios particulares y pidió se le dijera qué causa había retrasado hasta ahora , el cumplimiento de la resolución”.

Le contesta Don Ventura Bosch, Presidente de la Municipalidad, informando que el retraso se debía al pedido del Gobierno, hasta tanto el Consejo de Obras Públicas levantara el plano de la traza de la ciudad. Tiempo después, el 27 de junio de 1863 la Municipalidad recibe una presentación formal de Antonio González Moreno.

En este punto agregaremos algunos detalles sobre las calles que, de Oeste a Este, motivaran este litigio .

La calle Tacuarí nace en Rivadavia nº 902, y termina su traza en la Avenida Martín García Nº 601, corriendo entre Bernardo de Irigoyen y Piedras, habiendo recibido sucesivamente los nombres de Santo Tomás (1738), San Miguel (1769), Parejas (1808), y el actual en 1822, como homenaje a la batalla del mismo nombre que el General Manuel Belgrano librara el 9 de marzo de 1811, durante la expedición al Paraguay.

Piedras, que nace en Rivadavia al 802 y termina en Martín García al 527, alcanzó recién a esta en los fines del siglo XIX. Corre entre Tacuarí y Chacabuco, y su extensión, hacia 1870, quedaba limitada por la llamada “Quinta de la Noria”, -que entendemos era una denominación de la que es objeto de este trabajo-, que lindaba hacia el sudoeste con otras propiedades simialres, entre las que podemos nombrar las de Balcarce, la de Elía y la Casa de Sanidad, actual Casa Cuna, cuyos frentes daban a la calle del Buen Orden (hoy Bernardo de Irigoyen), y al Sur con la quinta de Roque Suarez. Su denominación en 1769 era San Juan, en 1808 Correa, en 1822 Las Piedras, como homenaje a dos batallas del mismo nombre, de la guerra de la Independencia, una victoria de José Artigas y la otra del General Belgrano. En 1859 pasa a llamarse Piedras a secas, corroborando el Decreto Nº 5.533 del año 1949, que la denominación conmemora las dos batallas que se citan en las estrofas del Himno Nacional Argentino en su versión completa, con las palabras “...ambas Piedras, Salta y ...”

Por fin, Perú, que nace en Rivadavia al 500 y culmina en la calle Ituzaingo a la misma altura, se denominaba en 1738 San José, en 1808 Unquera, en 1822 del Perú, desde 1836, Representantes y, por Ordenanza del 25 de agosto de 1857, retoma el nombre del país hermano.

Salvo Chacabuco, cuya traza termina en la avenida Caseros aún en la actualidad, las otras tres calles motivo del litigio todavía figuran en la Guía Kunz de 1886 con traza abierta solo hasta esta última avenida.

Conocida ya, en forma breve, la historia de estas calles, veamos que dice Antonio González Moreno en su considerable escrito, donde expondrá no solo su opinión sobre el problema que lo aqueja, sino que nos ofrecerá una buena descripción de la zona y la actividad que en ella se desarrollaba. Nos dice “... que un aviso en los periódicos, me ha dado conocimiento que esta Corporación ha dispuesto la apertura de calles en la prolongación de las de “Perú”, “Piedras” y “Tacuarí” al Sud, y esa disposición viene a afectar a una quinta de mi propiedad que limita la terminación de las calles nombradas. Desde luego, Señores, nos permitimos desconocer el derecho de esta Corporación y de cualquier otra autoridad para dictar esa medida, que importa un ataque al derecho de propiedad tan justamente protegido y respetado por todas las legislaciones del munda, como que es la base fundamental de toda sociedad organizada: Y nuestro desconocimiento nace de que en toda la estensión de nuestro terreno nunca ha existido calle alguna –nunca ha formado parte de la traza del pueblo- y originariamente fue vendido como solar de quinta en cuya condición se conserva hasta el presente”.

“... En este caso Señores, al disponerse la apertura de las calles citadas, que equivale al destrozo de nuestra quinta, no se hable de expropiación, ni siquiera le defienden la consideración de ser un mandato general, que comprendiese a todas las quintas a igual altura que la nuestra en los alrededores de la ciudad. Pero aún cuando se intentara la expropiación nosotros la resistiríamos, porque no concurren las circunstancias indispensables para un desprendimiento forzoso. Nos será muy fácil demostrar que no existe conveniencia pública, sino por el contrario inconveniencias; y que en pos de ella nos vienen perjuicios considerables que nadie aprovechará.”

Sigue la vehemente defensa de sus tierras, pintándonos el cuadro que refleja el paisaje de la zona:

“En el bajo de nuestra quinta no existe población alguna; y las calles que ahora se proyectan solo conducirían a los bañados de Brown, pasando por barrancas elevadas y llenas de sinuosidades. El movimiento comercial para la Boca se hace en pequeña parte por la barranca del sr. Lezama ; y en su mayor parte por el bajo inmediato al río . La barranca de “Bolívar”, lindera a nuestra propiedad, que solo conduce directamente a unas cuantas casas-quintas, ofrece muy poco tránsito. El movimiento de Barracas es todo por la barranca de Sta. Lucía, que va recta a la calle Larga . En esa tierra de Este a Oeste comprendida desde el camino inmediato al río que conduce a la Boca y á Barracas hasta la barranca de Sta. Lucía, que va recta a la calle Larga, abrazando una estensión de 940 varas más o menos, hay las siguientes salidas para el Sud – 1º - El camino del bajo ya indicado – 2º - á las 300 varas la barranca empedrada del Sr. Lezama (la calle Defensa) – 3º - a las 120 varas la Barranca de Bolívar inmediata a nuestra quinta y 4º á las 500 varas la barranca de Sta. Lucía. En esta última línea de 500 varas no existe camino alguno que conduzca a la Boca ni a Barracas; y por consiguiente las calles proyectadas irían a confinar, como antes indicamos, con los terrenos anegadizos de Brown”.

Recordemos que el almirante Guillermo Brown había adquirido el 23 de junio de 1812 una propiedad que contaba con 350 varas de frente por 315 de fondo, que daba sobre el camino que iba a ser llamado con el tiempo “Calle del héroe Brown” y también del General Brown, actual avenida Martín García, que servía de unión al camino del bajo con la barranca de la calle Larga.

Allí residió hasta su muerte, el 3 de marzo de 1857. La propiedad, sita en el número 584 de la mencionada avenida, fue derruída en el año 1904. En el solar hoy se encuentra una sucursal de banco y un edificio de departamentos.

Esta residencia, también denominada “Casa Amarilla”, está en la actualidad reproducida sobre la Avenida que conmemora al héroe de las primeras batallas navales de nuestra Patria, y es sede de un museo naval.

Encontramos en una cita que de Sarmiento hace María Sáenz Quesada , algunos de los conceptos que luego reiterará nuestro supuesto perjudicado: “”Cien manzanas nuevas que están a punto de incorporarse a la masa de sitios aún no poblados producirán una quiebra en el precio de los solares y paralelamente aumentarán los gastos de serenos, alumbrados, empedrados ... En la zona de Barracas no es necesario abrir nuevas bajadas al río, pues las que hay son suficientes y ni siquiera se han pavimentado.”

Retornando pues, a los argumentos de González Moreno, éste continúa con un ataque a la gestión municipal: “Lejos de eso, hoy que los recursos municipales no permiten atender al empedrado de calles más céntricas, no se podría llevar allí; y tendríamos que contemplar inmensos pantanos, como los que hoy existen á la entrada de nuestra quinta”.

Y de la certeza de su aseveración nos da prueba la Memoria Municipal , donde leemos que “en la calle del Buen Orden y Caseros, donde se ha sacado el barro a dos grandes pantanos que existían y se rellenaron con escombros: igual operación se hizo con otros pantanos que había en esas mismas cuadras.”

Aparecen en el escrito los inmigrantes, como actores activos del problema:

“Entretanto Señores, esa propiedad la tenemos arrendada por el término de cinco años (desde 1861 y 62) á cultivadores estrangeros, que la tienen llena de plantíos. La subdivisión del terreno les haría perder mucho – les haría imposible el cuidado de quintas separadas; y con justo motivo tratarían de rescindir el contrato celebrado sobre la base de todo el terreno. Perderíamos entonces el arriendo y la Municipalidad tendría que pagarnos este perjuicio y los que causase a los arrendatarios – Fuera de esto nos veríamos obligados a erogaciones valiosísimas para el cerco de los diversos lotes, que tambien la Municipalidad tendría que satisfacernos. A la amenaza de reclamar indemnizaciones al municipio, González Moreno agrega ahora las amenazas referidas al delito: Luego Señores, esas calles que no llevarían sino á los bañados de Brown, serían una emboscada permanente para uno que otro viagero que se atreviese a transitarlas.- Desprovistas de alumbrado y de vecindad, serían nuevos teatros abiertos al crimen y al escándalo; sin que esos peligros e inconveniencias se remunerasen con utilidad alguna. Esperamos confiadamente que estas breves observaciones pesarán en el ilustrado criterio de la Corporación para dejar sin efecto la disposición anunciada en lo que mira a nuestra propiedad, dejando que el tiempo aconseje oportunamente al propietario la ejecución de lo que hoy resiste. Pero si desgraciadamente la Municipalidad persistiese en su idea, desde ahora protestamos que resistiremos sus órdenes con todas las fuerzas de nuestro buen derecho, y acudiremos a quien corresponda en protección y garantía a nuestra propiedad amenazada.”

El mismo 27 de junio de 1863 la presentación es girada a la Comisión de Obras Públicas, que el 30, con la firma de Eduardo Taylor y Pedro Matta, la traslada al Asesor Municipal, el cual dice que “La Municipalidad ordenando la apertura de las calles á que se refiere la precedente solicitud, ha procedido perfectamente de acuerdo con lo que dispone el art. 34 de la ley de 16 de octubre de 1854 que concede á dicha Corporación aquella facultad. Ahora por lo que respecta a las principales razones aducidas por D. Antonio González Moreno para oponerse á que se abran en su quinta las calles que en dicha solicitud se mencionan, la Comisión de Obras Públicas las encontrará completamente desvanecidas en el luminoso dictamen del Sr. Asesor de Gobierno expedido en Febrero 16 de 1860 con motivo de la solicitud que en un caso idéntico al que nos ocupa, presentó Da. Antonia Cruz de Castro ante el Superior Gobierno”.

Siguen otras consideraciones, y por fin determina “... que la Comisión de Obras Públicas debe aconsejar á la Municipalidad que no haga lugar á las pretensiones de González Moreno y ordenar que se lleve a debido efecto la resolución tomada sobre apertura de calles”. El 14 de julio de 1863 la mencionada Comisión, “... es de parecer que no se haga lugar á la solicitud del Señor González Moreno, y que se debe practicar la apertura de las calles que pasan por dicha quinta; conforme con la delineación ejecutada por el Departamento Topográfico”, criterio que el 21 del mismo mes y año es adoptado por la Municipalidad con la firma de Felipe Botet, en ejercicio de la Vicepresidencia de la corporación.

Pero del dicho al hecho ... , y la falta de dinero, sumada a la concreción de las amenazas judiciales de González Moreno nos dejan todavía sin las calles.

La Memoria Municipal de 1866 nos informa que “Durante el año no se ha decretado prolongación o apertura de calle alguna. Faltaban fondos para realizarla, y más que todo se ha creído que desde que los Tribunales han ordenado la clausura de algunas ya abiertas (las que cierran la propiedad de los Sres. González Moreno) en cuya compostura se habían invertido considerables sumas de dinero, mientras se declara si la Municipalidad tiene o no el derecho de llevar a cabo esa apertura, no era equitativo ordenarla en terrenos cuyos propietarios podrían creerse o decirse damnificados por ella.”

Y todo esto a pesar que ya en el año 1862 las Comisiones de Higiene y de Obras Públicas nos dicen “... que por ahora se consultarían bastante las necesidades del municipio con la apertura de las siguientes (calles) : ... Perú en su terminación al Sur, Piedras, (ídem) Tacuarí (ídem) ...” proyecto que firmaron los sres. Larrosa, Eduardo Taylor, Claudio Mejía y Pedro Matta, por la Sección de Obras Públicas.

Observamos que no se habla de Chacabuco, a pesar que aparece en alguno que otro de los documentos consultados, y que como podemos ver en la actualidad, finaliza en Caseros.

No cejó la Municipalidad en su intento de facilitar el crecimiento de la ciudad hacia esa zona.

En el día 11 de agosto del año 1868 , la Corporación da salida a una nota del Asesor Municipal, “... para que active el despacho del Expediente seguido a los Sres. González moreno, sobre la apertura de calles”, y el 24 de noviembre del mismo año las Actas nos informan que “... quedó igualmente dispuesto a indicación del Sr. Casares, fundándose en que no era justo perjudicar solamente a los propietarios muy lejos del centro con la apertura de calles, proceda a la apertura de la quinta de los Sres. González Moreno, que cierra cuatro calles, haciéndoles previamente la notificación correspondiente.”

Suponemos que, de no ser Chacabuco, la cuarta calle que se cita podría ser la transversal que hoy lleva el nombre del Dr. Enrique Finochietto, dato que estaría corroborado por una mención que encontramos en la Memoria de 1886 , que nos habla de un “Terreno (municipal) calle Bolívar esquina una sin nombre que atraviesa la quinta de González Moreno.”

El proceso de transformación, desde la “Gran Aldea” hacia la ciudad de hoy, comienza a tomar fuerza, llegando a los barrios del sur, casi límite urbano de hecho y de derecho, empujado por el progreso comercial y preindustrial, así como por el impulso de las primeras oleadas inmigratorias, todavía tenues pero persistentes a partir de esos años.

La zona se revoluciona cuando el 7 de marzo de 1864 , mientras González Moreno litiga, principian las obras del Ferrocarril del Sur, que iniciará su servicio el 14 de agosto de 1865, en su primer tramo de 77 kilómetros, claro indicio de un crecimiento que no se detendrá por muchos años, que transformará al barrio en residencia de numerosos hoteles y comercios vinculados con este nuevo medio de transporte, que a su vez le trae productos del interior de la provincia, y deposita los que desde la ciudad serán remitidos hacia allá.

El crecimiento genera nuevas obligaciones: por Ordenanza del 2 de septiembre de 1872 , la Municipalidad indicaba que a los seis meses de su promulgación debían quedar construídos cercos y veredas “... al frente de las propiedades de Barracas al Norte, en las calles siguientes ... Caseros, desde Defensa a Salta; General Brown desde Defensa hasta Larga ...”, abarcando por tanto la quinta.

Al año siguiente, mientras ordena arreglar la calle y recorrer las canaletas de Brown entre Bolívar y Buen Orden, (que como vemos también se da este nombre al primer tramo de la calle Larga en algunos documentos), aparece en la Memoria Municipal un nuevo dato sobre los avatares de la quinta:

“31 de diciembre de 1873: Relación detallada de los expedientes en tramitación ante los Tribunales de la Provincia y Tribunal Federal Secretaría Peralta: Expediente de González Moreno. Sobre apertura de calle, está en vía de transacción”.

En 1880, la Municipalidad informa que la apertura de calles se encuentra detenida, siendo el motivo el tener que indemnizar a los propietarios, siendo por ello poco lo que se ha hecho sobre el tema.

Y sin embargo, en las Actas del año 1885, el Concejal Sr. Boeri nos dice, dirigiéndose al intendente Municipal, “... que no atacaba a la Intendencia, al indicarle que dedicara preferente atención a la parte Sud del Municipio, sino que le rogaba preferencia, por cuanto solo existen dos calles de salida, la del Buen Orden y Bolívar”, demostrando por tanto que aún no se había levantado la barrera de la quinta, mientras un año antes, el concejal Tamini decía que “... era más urgente ... el afirmado de la calle de Caseros, que es reclamado desde mucho tiempo atrás, sin que la Intendencia haya dedicado un momento de atención a este asunto.”

Llegados por fin al año 1888, el Intendente Dr. Guillermo Cranwell dice en su informe al Honorable Concejo Deliberante :

“IV y V – Vime precisado a hacer construir esos pavimentos por cuenta de la empresa que no los ejecutaba y de esa manera dejo terminadas (las calles )... y las muy importantes de Perú, Chacabuco, Piedras, Tacuarí ... que llegan adoquinadas hasta el límite de las Barrancas del Sud.- VI – Dejo abiertas las manzanas comprendidas entre las calles Perú y Bolívar ... en vías de abrirse las situadas entre Chacabuco y Piedras”.

Algunos años más pasaron para que se iniciara el loteo y remate de estas tierras, adquiriendo las calles el carácter de vías públicas hacia fines del siglo XIX. El auge de la inmigración, la intensificación de la actividad comercial y portuaria, las nuevas técnicas de conservación de las carnes, la tecnificación del agro y la ganadería, fueron transformando la ciudad en un punto de concentración de las actividades exportadoras e importadoras, de las que la zona de Barracas sería una de las más caracterizadas en ese tiempo. La ciudad fue incrementando su población, que de aproximadamente 180.000 habitantes en 1869 pasaría en 1889 a tener casi 500.000, con el consiguiente aumento de la necesidad de viviendas y de infraestructura urbana, compatible con la calidad de vida de esos años. Los faroles de gas, que en 1857 sumaban 1.071 en toda la ciudad, pasaron a 1.454 en 1858 y a 2.220 en 1871, ya pocos años antes de comenzar con la experimentación de la luz eléctrica, mientras que el tranvía a caballo, con su lentitud, fue permitiendo la ocupación de predios cada vez más alejados del radio céntrico de la ciudad, que los medios individuales, como los caballos, o los carruajes, por su costo, no contribuían a integrar. Terminamos nuestro relato en este punto. Seguramente mucho material queda en los archivos que permitirá ampliar el mismo.-

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